Conoce el poder de pertenecer a una Tribu de Mujeres

El poder sanador de una Tribu de Mujeres

Quiero contarte una historia, mi historia sobre poder sanador de una Tribu de Mujeres.

Una tarde de abril, saliendo de un programa de ayuda social, Alicia, una amiga que estudiaba conmigo, se ofreció a llevarme a casa: «Vámonos rápido, que tengo que ir a mi círculo de mujeres», me dijo.

No sabía con exactitud a qué se refería, pero automáticamente la frase «círculo de mujeres» hizo como si se encendiera una antorcha en una noche sin luna. Aquella semana estaba navegando en la tristeza, dando vueltas dentro de mí misma sin poder encontrar la salida.

En ese momento, algo dentro de mí se disparó y le pregunté con curiosidad creciente: «¿Qué es un círculo de mujeres?», y Alicia me respondió: «Es un espacio de conversaciones profundas entre nosotras». Sin pensarlo dos veces le pedí que me llevara. Pero me explicó que era un espacio privado que ameritaba invitación y que, si estaba de acuerdo, podía llevarme la siguiente vez.

No obstante, sentía un urgente anhelo de ir allí, y pese a su respuesta volví a insistir vehementemente que me llevara ese mismo día. Alicia, al notar el profundo interés que tenía, aceptó llevarme con ella. 

Yo estaba un poco ansiosa y en el camino iba preparándome mentalmente para no hablar durante el encuentro, ya que era un círculo cerrado y no conocía a ninguna de las mujeres que estarían en ese lugar.

Para mi sorpresa —y quizá también para la de Alicia—, a los quince minutos de haber iniciado el círculo estaba en el centro de la tribu compartiendo una experiencia de mi vida completamente íntima y que me generaba un profundo dolor.

En ese instante me asombré de cómo pasé de sentirme sideralmente sola a sentirme acompañada, escuchada y recibida por un grupo de mujeres de quienes no conocía ni sus nombres.

Sentir que ese círculo se abrió y me permitió ser parte de él fue una experiencia que cambió la visión que tenía de un grupo de mujeres. Aquel día mi alma halló en medio de la oscuridad la luz de la tribu.

Cuando terminó el encuentro tuve la sensación —hasta entonces desconocida— de que una parte de mí se había completado. Fue un momento decisivo en el que me dije «esto puede ser una experiencia más en mi vida, ¡o puede ser la experiencia que lo cambie todo!».

Antes de irnos decidí ponerme en contacto con las mujeres que dirigían aquel círculo y les pedí con determinación: «Quiero aprender, quiero hacer círculos para mujeres. ¿Me pueden enseñar?». Y fue así como empecé a reunirme con ellas para aprender a generar conversaciones profundas entre mujeres. Al siguiente año colideré más de cien círculos.

Fue en esos círculos donde tomé conciencia de que durante toda mi vida había luchado pensando que ser vulnerable era una debilidad. En estas conversaciones pude encontrar la puerta de entrada al jardín para florecer en la mujer que siempre quise ser.

Hasta entonces había vivido bajo el mandato de: «¡Quiero ser una mujer de éxito, quiero ser una mujer de éxito!», sin darme cuenta de que a pesar de todos mis esfuerzos la meta siempre se alejaba más, haciéndome sentir insuficiente.

Durante aquel año en el círculo empecé a comprender el gran poder sanador de la tribu: ¡No estaba sola!, ¡no era una rara!, ¡no solo me pasaba a mí!, ¡no era la única!, ¡no tenía que hacerlo sola!,

Descubrí cómo el círculo era un espacio seguro, valiente y preparado para mi transformación profunda. Un tejido delicado, una espiral de respeto y reconocimiento, donde había otras mujeres que llegaban perdidas y encontraban una comunidad para apoyarse.

Una noche de agosto, al finalizar un círculo, me acosté sobre mi cama y en la oscuridad de mi habitación lloré en silencio. Eran lágrimas de júbilo. En aquel momento mi alma comprendía que mi búsqueda había terminado: por fin había llegado por primera vez a mi tribu. 

Por primera vez era fácil sentir que pertenecía. Abrí una nota en el móvil y escribí: «Aquí empieza lo mejor del resto de mi vida». 

Deleitándome en la espiral de mis emociones añadí mi nuevo propósito: «Quiero crear tribus de mujeres. Quiero ser parte de una nueva cultura entre mujeres, en la que nos apoyemos.

Anhelo que cada mujer en el mundo tenga una tribu a la que pertenecer». Mi corazón sintió ilusión, liberación y revolución.

En los meses siguientes comencé mi búsqueda para aprender las mejores metodologías en el empoderamiento de grupos de mujeres. Estaba llena de una nueva y refrescante energía. 

Sentía cómo crecían mis alas con cada descubrimiento. Busqué mentoras, guías, prácticas, recursos, movimientos de mujeres. Quería navegar todas las rutas conocidas y desconocidas.

Invité a cientos de mujeres a entrevistas, a compartir círculos, a participar en pequeñas experiencias y talleres. Te confieso que, aunque me aterraba equivocarme, sabía que las respuestas estarían allí.

Me di cuenta de que había cosas que funcionaban y otras que no. Que había caminos fáciles, otros que no; vi grupos de mujeres que florecían y otros que languidecían; mujeres que lo conseguían y otras que no; dinámicas que eran bien recibidas y otras rechazadas. 

Necesitaba experimentarlo todo, quería encontrar mi propia receta, probada, validada y comprobada.

Recuerdo el miedo que me atenazaba entonces. Cada paso lo sentía como un salto al vacío. ¡Qué duro se sentía esto de emprender!

Un día, Karina, una clienta española, me envió un correo que cambiaría el curso de mi historia: «Claudia, enséñame eso que haces con Mi Nueva Yo (uno de mis programas de empoderamiento). Quiero trabajar empoderando grupos de mujeres aquí, en Canarias». Frente al ordenador me quedé paralizada. Leía sus palabras una y otra vez: «Trabajarempoderando grupos de mujeres».

Esa frase brilló como una poderosa luna llena en una noche oscura. Hasta ese momento mi intención había sido crear mis grupos de mujeres. La petición de Karina me llegaba al centro del alma. Algo dentro de mí gritó «¡big yes!». Aquel día una nueva música empezaba dentro de mí. Karina me abrió un portal sagrado: enseñar mi método para facilitar la transformación de tribus de mujeres.

Comprendí que, así como yo, muchas emprendedoras de desarrollo personal anhelaban pasar de trabajar una a una para impactar de una a muchas. 

Hoy sé que el empoderamiento de tribus de mujeres es uno de los portales más extraordinarios de transformación que existen, que cada mujer necesita una tribu para florecer hacia sus más altas posibilidades y que cuando encuentres la tuya empezarás el camino de regreso hacia tu verdadero hogar.

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6 comentarios

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  2. Querida Claudia,
    Muchas gracias por compartir y compartir-te! Me inspira tanto el leerte! Cada vez que encuentro mensajes tuyos los siento míos. Tu brillo a pesar y por la imprefección, te hace tan humana, tan «conectable». En mi propio camino también hay caídas y tropiezos que a veces me desaniman, pero te encuentro y me animas a volver a «echar p´alante!» y recierdo que ya no soy «gaviota solitaria». Gracias por tu compartir. Tú eres mensajera del Universo que nos anima a todas a salir y a brillar hasta que la antorcha se vea desde la luna. Gracias otra vez.

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